martes, 17 de marzo de 2020

DIARIO DE UN CONFINADO (1)

Día 1. 14/03/20. Sábado.
Me despierto a las 7.15, la hora de todos los días. Me cuelgo del auricular de la radio: 5.202 infectados; 132 muertos; 189 dados de alta. Todas las cadenas hablan del coronavirus, del COVID 19.
Hace unos días los memes que circulaban por las redes sociales rebosaban de ingenio y gracia, jugando inconscientemente con la situación. Desde ayer, pocos son los que contienen trazas de humor y ahora apelan a las precauciones básicas para evitar el contagio, la descripción de la situación que se vive en los hospitales y las medidas que las instituciones públicas toman para retrasar el momento en que nos visite el virus, porque, según dicen, nos llegará al 75% de la población. Todavía quedan algunos que envían videos humorísticos apelando “al mal tiempo buena cara”. Hace un rato me llegó uno que decía: en un país donde cada Nochevieja tienen que explicar cómo tomarnos las uvas, lo del cononavirus pinta chungo. Aunque no está el horno pa bollos, quizá sea conveniente mantener el ánimo; un amigo escribía hoy: El invencible imperio romano cayo, más que por los bárbaros, por el miedo a los bárbaros. La historia es la mejor docente.
No sabe uno qué pensar, ni hacer. Nos dicen que no peligra el abastecimiento, pero nos invitan al confinamiento. Hay un eslogan del que han llegado 100 versiones #YoMeQuedoEnCasa. Ayer, después de largas colas en los supermercados, los estantes terminaron vacíos.
Esta mañana he decidido salir a comprar algo más de fruta, un poco de pan… He ido en coche. Poca actividad, pero cola en la puerta de todos los establecimientos de comida, en el estanco –hay que cuidar los vicios-, el bar de juegos y apuestas seguía abierto, los chinos también, parques precintados para que los niños no acudan… pienso en mis nietas. Para los niños y los padres, serán unos días difíciles. Demasiado tiempo en casa conviviendo las 24 horas en un espacio reducido, puede hacerse duro.
He ido a una tienda de barrio. Tuve suerte, solo dos personas. Pero observé cómo la gente no se agolpa, mantiene la distancias de seguridad… Suelo beber mucha agua durante la mañana. Siempre. Es un hábito casi obligado para los docentes. Hay que mantener las cuerdas vocales húmedas. Hoy, apenas bebí un vaso antes de salir a comprar. Cuando fui a pedir la fruta, carraspeé un poco. La gente que había en la tienda, con discreción, se fue apartando de mí. Una señora, aún mayor que yo, bien aleccionada, utilizó un pañuelo que llevaba al cuello y, con disimulo, se cubrió la boca y la nariz. Parece que la gente empieza a sensibilizarse.
A última hora de la tarde la Policía Local ha pasado con un altavoz recordando a la gente que solo salga de casa si es imprescindible. Mal augurio.
Oigo las noticias, claro. Los políticos, a lo suyo: a intentar sacar rédito de cualquier situación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario