viernes, 4 de diciembre de 2020

MIENTRAS TE CANTO UNA COPLILLA (28) Legados de la Mesta.


Durante la Reconquista, la frontera entre los reinos cristianos y musulmanes no era una línea fija, sino una franja de terreno que, en función de la orografía, a ocasiones llegó a tener hasta cien kilómetros de anchura. Una tierra de nadie, casi despoblada y que, sometida a continuas incursiones de unos y otros, dejaba de sembrarse porque durante las campañas de guerra -que habitualmente se hacían con buen tiempo, en época de recogida de las cosechas- acababan siendo quemadas o saqueadas en las escaramuzas.

Este territorio solían aprovecharlo los pastores practicando las trashumancia. En épocas frías -otoño e invierno- el ganado pastaba y llegado el buen tiempo -propicio para la guerra- se refugiaban en las montañas, donde había pastos frescos.


En el siglo XIII la Reconquista cristiana tuvo un gran impulso. A medida que avanzaba hacia el sur, los terrenos fronterizos, antes inseguros, ahora eran tierras destinadas a la agricultura obligado a los pastores a desplazarse cada vez más al sur y atravesando con sus rebaños zonas sembradas. Se hizo necesario regular el transito del ganado y las zonas de pastoreo, dando lugar al Real Concejo de la Mesta, creado en 1273 y abolido en 1832. La trashumancia se convirtió en una forma de vida en la Península Ibérica que permaneció de forma natural durante seis siglos.

Se articularon vías pecuarias que discurrían de norte a sur de la península. Así surgieron las cañadas reales, cuerdas, cordeles y veredas provistas de descansaderos, majadas, abrevaderos y contaderos. Por ellos transitaban cada año el ganado y los pastores, gentes que portaban sus costumbres, hábitos, folclore... Se cantaba:

Ya se van los pastores / a la Extremadura; / ya se queda la sierra / triste y oscura.

Ya se van los pastores / hacia las majadas; / ya se queda la sierra / triste y callada.

Ya se van los pastores, / se van marchando, / más de cuatro zagalas / quedan llorando.

La presencia de los pastores de la Mesta en la provincia de Huelva esta documentada. Sirva como evidencia el pleito que Valverde del Camino mantuvo con el Real Concejo de la Mesta de los pastores de Castilla entre 1588 y 1623, del que da cumplida cuenta Diego Romero Pérez, en su libro "Un Pueblo colonizador". Y dejó su huella en el folclore. Una sevillana tradicional del Andévalo, que los Hermanos Toronjo grabaron en los años sesenta del siglo veinte, dice:

Allá arriba en la sierra / está nevando / las pastoras están solas / con los rebaños. 

Que los pastores / están ajustando cuentas / con los señores.

La coplilla con la que empiezo este artículo es una de esas coplas que cantarían esos pastores y quedaron atrapadas en el repertorio de la Nochebuena marocha, a través de la tradición oral. Solo así se puede explicar que en Encinasola se cante a la Sierra de Guadarrama.

Recientemente Antonio Rodríguez Guillen, Chamizo, ha presentado un interesante trabajo sobre la presencia de la Mesta en las zonas de Aroche y Encinasola en el que vincula la advocación de San Mamés, patrón de Aroche, a la presencia de los pastores de la Mesta. Y ya conocen esos versos de la Jotilla de Aroche:

En dónde la has aprendido / la jota que estás cantado / en dónde la has aprendido

la aprendí por esos montes / de oírla a los pastorcillos. 

En la sierra de Aroche, Sierra de Flores 

donde cantan las niñas coplas de amores...

Te dejo con Jarcha: La Jotilla de Aroche.




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