Mostrando entradas con la etiqueta #lacoplillasemanal tomas lopez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #lacoplillasemanal tomas lopez. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de mayo de 2016

Sobre la tenacidad y el descuido



“Lo que se busca, se encuentra; lo que se descuida, se pierde”.
   Todo tiene sus excepciones, no siempre las cosas son así. Pero como ejemplo de la búsqueda sin descanso de lo que se desea -propio de personas tenaces y que no se arrugan-, me vale; y la segunda parte, como advertencia de que la relajación y falta de atención en lo que se persigue no son buenas compañeras, también.
   Esta frase es aplicable a todos los ámbitos de la vida. Por supuesto, también al amoroso. Hoy te ofrezco unas coplillas que tienen cierta correspondencia con la argumentación. Es decir, se mueven entre el amor y el desamor.
DE LOS SIETE PLANETAS
QUE HAY EN EL CIELO
TRES VAN EN CONTRA MÍA,
PORQUE TE QUIERO.
Y HE DE QUERERTE,
AUNQUE VENGAN EN CONTRA
TODOS LOS SIETE.
--
AUNQUE LAS PIEDRAS DEN GRITOS,
EL SOL DEJE DE CORRER
Y EL AGUA DEL MAR SE ACABE,
NO TE DEJO DE QUERER.
--
AL HOMBRE QUE ES PORFIADO
Y LA MUJER NO LO QUIERE,
LO COMPARO CON UN CALVO
QUE EN LA CALLE ENCUENTRA UN PEINE,
LO AGARRA Y LO TIRA A UN LADO.
--
YO TE QUISE A TI SOLITO;
TU QUISISTE A UN MONTÓN;
TU QUISISTE REPICAR
Y ESTAR EN LA PROCESIÓN.

domingo, 22 de mayo de 2016

Que por mayo era, por mayo


  

Hace una par de días, a propósito de mayo, -mes alegre, el de María, con sus romerías y fiestas, en el que la Naturaleza revienta los campos-, recordé los primeros versos de un antiguo romance: 


Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor, (…)


Pero en medio de tanto derroche de luz y explosión de colores, desde la oscuridad del presidio, el prisionero se consume en la tristeza y soledad:

sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día,
ni cuándo las noches son, (…)

Y hasta la oscuridad de la lóbrega mazmorra, llega la Naturaleza ofreciendo al preso un reloj que anuncia el alba:

sino por una avecilla
que me cantaba al albor.

Tenue esperanza en forma de canto, único vínculo con el mundo exterior. Pero habla en pasado y al ánimo del hombre asoma el desconsuelo. Luego, se torna en desesperación y sentencia:

Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.

Cuanto dice y cuantos interrogantes plantea. 

Me fascina la sencillez de la literatura antigua, la que se escribía a mano, sin letra de imprenta. Y sin imprenta, claro. Con que brevedad y claridad muestran los sentimientos más profundos.

Dejo aquí la versión cantada del Romance del Prisionero (anónimo del siglo XIV) en voz de Joaquín Díaz.