domingo, 22 de mayo de 2016

Que por mayo era, por mayo


  

Hace una par de días, a propósito de mayo, -mes alegre, el de María, con sus romerías y fiestas, en el que la Naturaleza revienta los campos-, recordé los primeros versos de un antiguo romance: 


Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor, (…)


Pero en medio de tanto derroche de luz y explosión de colores, desde la oscuridad del presidio, el prisionero se consume en la tristeza y soledad:

sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día,
ni cuándo las noches son, (…)

Y hasta la oscuridad de la lóbrega mazmorra, llega la Naturaleza ofreciendo al preso un reloj que anuncia el alba:

sino por una avecilla
que me cantaba al albor.

Tenue esperanza en forma de canto, único vínculo con el mundo exterior. Pero habla en pasado y al ánimo del hombre asoma el desconsuelo. Luego, se torna en desesperación y sentencia:

Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.

Cuanto dice y cuantos interrogantes plantea. 

Me fascina la sencillez de la literatura antigua, la que se escribía a mano, sin letra de imprenta. Y sin imprenta, claro. Con que brevedad y claridad muestran los sentimientos más profundos.

Dejo aquí la versión cantada del Romance del Prisionero (anónimo del siglo XIV) en voz de Joaquín Díaz.


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